Uno de los problemas que en la actualidad estamos viviendo es que con la crisis, muchas ciudades ya no pueden hacer frente de una forma tan fácil como antes la prestación de servicios en los niveles anteriores. Esto quiere decir que hasta ahora muchos ciudadanos de otras ciudades iban a una de diferente que no era la suya y utilizaba los servicios de esta.
Este efecto provocaba que aunque ese ciudadano no pagara impuestos en la ciudad, si generara gastos, haciendo más deficitaria a la ciudad. Hasta la actualidad el problema era compensado en parte con las aportaciones que las administraciones superiores habían ideado para redistribuir todo este peso económico, pero llegada la crisis, en que hasta el último euro está siendo investigado por los gestores municipales, el papel y el uso de estos servicios por parte de ciudadanos que no pagan sus impuestos se pone más de relieve que nunca.
Se habla entonces de algunas tasas o impuestos para este tipo de ciudadanos, por ejemplo como la ciudad de Londres tiene montado en su zona centro, ya que en las zonas más turísticas estos efectos son más destructivos. Aunque el turismo deja mucho dinero en las arcas municipales, también genera unos elevados gastos, ante todo a nivel de desperfectos y de utilización de recursos en las zonas más visitadas.
Ya hace años en las islas baleares también se intentó llevar a cabo la llamada ecotasa, que era un pequeño impuesto sobre todos aquellos sectores que influyeran negativamente sobre aspectos de turismo. Es evidente que las tasa e impuestos son bastante impopulares, pero debemos pensar que el malgasto y los desperfectos del uso de nuestros espacios turísticos, son en parte el patrimonio de las ciudades, y que no cuidarlo solo hace que se generen situaciones en que se pierden obras y valores importantes.