En la antigüedad, las ciudades sirvieron justamente para realizar la función de ser el centro de los intercambios comerciales. En las ciudades los comerciantes y los agricultores encontraban un lugar privilegiado y tranquilo donde poder hacer sus negocios, y así, la propia ciudad de beneficiaba no solo por el propio abastecimiento de la ciudad con alimentos y productos, si no de grabar esas transacciones comerciales o de alquilar los espacios donde se ponían a vender todos estos agentes de la ciudad.
No por ello, las cosas han cambiado demasiado en la actualidad, cuando las ciudades crean grandes núcleos de oficinas o zonas comerciales, para así poder satisfacer estas necesidades de comercio. En Europa, los núcleos comerciales están más disipados por una cuestión histórica de evolución de la propia ciudad, pero la instauración de las grandes superficies, los grandes centros comerciales, también han ido modificando esto, construyendo estas zonas de comercio a granel en lugares estratégicos de la ciudad, con buena comunicación y un seguido de servicios a su alrededor.
Las zonas para nuestras industrias tecnológicas, o arquitectos así como todos los trabajos que no crean una contaminación ni unos desechos muy considerables son muy buscados por las ciudades, ya que dan a la ciudad puestos de trabajo cualificados y unas rentas muy considerables en forma de impuestos directos e indirectos.
Algunos países incluso han basado su organización territorial en la importancia de las ciudades como núcleo económico, por ejemplo a partir de su mercado principal, que organiza las relaciones comerciales de la zona, o un puerto de salida de países con poco acceso a la costa. Sin duda, este elemento es primordial si queremos entender a las ciudades en la actualidad y su papel en la propia globalización en la cual estamos metidos des de los tiempos en que Colón descubrió América.