Uno de los principales debates dentro de la Unión Europea y de forma histórica a lo largo del tiempo (que ha existía la Unió Europea claro) ha sido siempre el papel que deben tener la Regiones Europeas. Es un tema controvertido, por un lado se debe entender que la UE como tal es una unión de estados, y que por tanto, son estos los máximo representantes de los mismos y los garantes de la toma de decisiones, pero no obstante esto, en el momento en que la propia Unión debe aplicar y poner en marcha algunas políticas y funciones propias, el tema de la descentralizador para poder aplicar estas gestiones se vuelve muy importante, de hecho vital.
Ya hace décadas que las regiones europeas con más competencias dentro de su marco estatal han ido componiendo organismos que coordinan y ayudan a las mismas a desarrollarse mejor, una idea algo olvidada por el miedo a que pudieran llegar a albergar algún tipo de poder es la Europa de las regiones, que por ejemplo, impulsaron Cataluña, la Padania o incluso algunos landers alemanes. Sin duda, es un tema interesante, ya que muchas veces son estas regiones las que tienen las competencias para llevar a cabo proyectos, por tanto, son un interlocutor mucho más interesante para la propia Unión de cara a llegar a los ciudadanos de una forma más directa y optima.
Ahora bien, el principal problema es el de siempre: los estados son celosos de su propia soberanía, y muchas veces se da el caso que la correlación de fuerzas política en el interior de esos estado no es la misma, y por tanto la Unión es utilizada como una arma política y de influencia más. Aun y dicho todo esto, lo que es evidente que la descentralización y el papel de las regiones irá a más, antes o después, por un simple sentido de aplicación más eficiente de políticas públicas y servicio al ciudadano, que es sin duda, la asignatura pendiente de la UE y uno de los espacios que debe ocupar si quiere ganar legitimidad de cara a sus propios ciudadanos.