El Museo del Prado de Madrid nace de la idea de una galería nacional que acogiese las colecciones reales, formadas esencialmente por obras de arte españolas y en menor proporción, italianas y flamencas, gracias a las adquisiciones hechas en estos países por los virreyes por cuenta de los soberanos, nació durante el siglo XVIII. Así lo revela una carta del año 1774 del pintor checo Antonio Mengs en la cual recomendaba entre otras cosas que la «Galería» fuese organizada racionalmente. En el año 1810 José Bonaparte decretó la creación de un museo, sin embargo fue sólo en el año 1814, con la restauración de Fernando VII, cuando se decidió la creación del Palacio Nacional de Pintura. Para instalar el Museo se escogió un edificio de estilo neoclásico situado en el céntrico Paseo del Prado.
Por deseo de la monarquía fue llamado Real Museo de Pintura del Prado y fue abierto al público en febrero del año 1819. Cuando la reina Isabel II partió para el exilio en el año 1868, el Museo Real se convirtió en Museo Nacional.
El núcleo de la colección del Museo del Prado de Madrid se constituyó cuando España se convirtió, a fines del siglo XV, en un estado unitario. Isabel la Católica amaba particularmente el arte flamenco, mientras que Carlos V (1516-1556) amplió la colección con obras provenientes de varias escuelas internacionales. Entre sus tantos méritos, tal vez el más importante fue el de haber sido el mayor y más entusiasta cliente de Tiziano.
También su hijo, Felipe II (1556-1598), siguió coleccionando obras en el Museo del Prado de Madrid, trayendo a España cuadros como la Venus y Adonis y el autorretrato del artista.
Durante el siglo XVII, el Museo del Prado de Madrid recibió un nuevo impulso con Felipe IV, quien tuvo la fortuna de poder adquirir gran parte de las obras maestras de la colección de Carlos I de Inglaterra y la sensatez de nombrar como pintor de corte a uno de los maestros del arte español, Diego Velázquez, de quien el museo de El Prado conserva una rica colección. Precisamente Velázquez fue enviado por el rey a Italia con el fin de adquirir obras maestras italianas.
A fines del siglo XVIII, Carlos IV nombró a Francisco de Goya como pintor de corte.
Durante todo el siglo XIX continuaron las adquisiciones del Museo del Prado de Madrid, gracias también a la reina Isabel II, quien al irse al exilio donó todo su patrimonio al país. A comienzos de este siglo se iniciaron trabajos de ampliación de la estructura del Museo para acoger la vasta colección formada a través de siglos de pasión coleccionista.