Siracusa, patria de Arquímedes

Hoy vamos a viajar a la isla de Sicília, más en concreto a la histórica e importante ciudad de Siracusa. Sin duda, una de las ciudades de Italia que debes tener en cuenta en su historia. Los orígenes de esta son cien por cien griegos ya que fueron estos quienes la fundaron en el año 734 a.C. en una pequeña isla delante de la costa llamada Ortigia. Este era un sistema muy típico de fundaciones de colonias griegas. Se llegaba a una isla muy cercana a tierra firme, se establecía una pequeña población y, mientras, se exploraba el interior y se contactaba con los nativos. Si las cosas iban bien, se pisaba tierra firme y la colonia se expandía. Este fue, pues, el caso de Siracusa.

Un poco de historia de Siracusa

Tal y como ya he dicho, fueron colonos griegos los que fundaron Siracusa en la isla de Ortigia. Fue la segunda colonia griega establecida en la isla después de Naxos. Más tarde se irían uniendo más hasta que la isla llegó a formar parte de lo que se llamó Magna Grecia, junto con la parte meridional de la península itálica. Los primeros siracusanos eran de origen coríntio. La colonia no fue mal y pocos años después fundaron otros enclavamientos cercanos. En un principio, los dirigentes formaban parte de la oligarquía, descendientes de los primeros colonos. Llegó un punto en el que el pueblo no estaba de acuerdo con este tipo de gobierno y se reveló, situación que aprovecharon diversas persona influyentes para acceder al poder. Así llegaron al gobierno los llamados tiranos que se fueron sucediendo en el poder hasta la integración de la isla de Sicilia bajo la república romana.

La ciudad tuvo un papel muy importante en la Guerra del Peloponeso ya que los atenienses la conquistaron para formar parte de sus dominios y fue un puerto importante en esta guerra. Aún así, los tiranos se fueron sucediendo a los mandos de la polis. Siglos más tarde, y dado su enclave estratégico, la ciudad tuvo también un papel importante en las Guerras Púnicas entre Cartago y Roma. Esta fue la excusa para que los romanos comenzaran a dominar la ciudad y la isla hasta integrarla en la república romana. Con la caída del imperio, ya en el siglo VI d.C. los bizantinos primero y luego los pueblos del norte de Europa (ostrogodos, normandos) se apoderaron de la ciudad y la ocuparon diversos siglos hasta la llegada en el IX de los árabes que pugnaron y perdieron su posición un siglo después en favor de los normandos. Luego Siracusa y Sicília formaron parte de la corona española, con una larga dominación, hasta su integración el el reino de Italia.

Monumentos y lugares que visitar en Siracusa

Una ciudad con tanta historia siempre deja un legado en forma de edificios importantes que explican su pasado. Siracusa, por supuesto, no es una excepción. El centro histórico y cuna de la ciudad se encuentra en la isla de Ortigia. Como los terremotos devastaron la ciudad diversas veces, los vestigios de la antiguedad escasean. Se pueden ver restos de la agora griega y en el duomo son visibles los cimientos del templo griego dedicado a la diosa protectora de la ciudad: Diana. Los edificios renacentistas dominan esta parte de la ciudad. Es muy recomendable perderse por sus calles hasta llegar al paseo marítimo, recorrerlo es una delicia aunque no se puede llegar hasta la punta porque una fortificación, hoy en manos del ejército italiano, nos barra el paso.

La ciudad se engrandeció hacia el interior y los restos que nos quedan son los de la acrópolis donde se encuentran el gran teatro griego y un anfiteatro. En la zona del teatro hay diversos manantiales de agua que fueron considerados divinos. La atracción más conocida del lugar es el Oído de Dionisio, una cavidad debajo del teatro que se creo por la extracción de roca para la construcción del mismo. Es muy grande y se puede pasear por dentro. En verano se hacen representaciones operísticas aprovechando su magnífica acústica.

No hay que olvidar que en Siracusa nació uno de los pensadores más grandes de la historia de todos los tiempos. Arquímedes, padre de la teoría de la flotabilidad de los cuerpos es hijo de la ciudad. Un motivo más, pues, para visitar Siracusa.

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