La Europa de las lenguas

Si una cosa diferencia a la Unión Europea de cualquier otra organización supranacional es el crisol de culturas y lenguas que en su seno se desarrollan, así, la UE ha sabido canalizar las aspiraciones culturales de la mayoría de los estados miembros. No es que se necesite un traductor constantemente, más bien, se ha conseguido una fórmula en que se pueden conseguir verdaderos resultados interesantes en la traducción continua de documentos y sesiones de trabajo.

Es cierto que en la mayoría de casos los ministros y trabajadores de la Unión hablan perfectamente dos o tres lenguas, a saber: la suya propia a parte del inglés, y en la mayoría francés o alemán. Esto hace que la lengua de trabajo sea la inglesa, pero sin dejar de lado las demás. Este hecho garantiza que las lenguas de Europa estén reconocidas y protegidas, ya que las lenguas son simplemente un tesoro que cabe resguardar y potenciar de forma concreta y con todas las energías que sean necesarias, ya que es a través de las lenguas cuando se transmite el conocimiento y las nuevas ideas fluyen.

Así, lejos de ser un problema en términos de organización práctica, se ha sabido gestionar el crisol de culturas y lenguas en que se ha ido convirtiendo la Unión, sin que esto suponga un problema que no se pueda superar.

A nivel de ciudadanía, cualquier ciudadano de la unión se puede dirigir a ella en su lengua materna, haciendo la administración mucho más cercana y clara. Es cierto que no todos los documentos se encuentran en todas las lenguas, pero se puede encontrar traducción o bien solicitarla a través de su página web.

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