Uno de los elementos que más se echan a faltar en las grandes ciudades del mundo es tener algo de contacto con la naturaleza. Por ello, en el siglo XX fue proliferando el llamado huerto urbano, que era un pequeño huerto construido con esto y aquello por algún nostálgico de su pueblo, donde antes de emigrar a la ciudad, tenía contacto con la naturaleza a través de la vida de campo.
El huerto urbano estaba situado en las afueras de las ciudades, al lado de ríos o en lugares descampados, donde aún no había llegado la construcción. La mayoría eran ilegales, ya que sus ocupantes no eran propietarios de esa tierra, y muchos estaban en unas condiciones lamentables. La mayoría, habían sido construidos por los inmigrantes de los años 60-70, en un pequeño afán de recuperar la vida campestre perdida con su éxodo rural. Además, la mayoría de estos huertos urbanos, se constituían con restos y aquellos elementos recuperados de la calle, ya que no contaban con construcciones legales, ni tampoco con condiciones de vida saludables, recordaban en cierta forma, a una especie de chabolismo, pero esta vez, sus ocupantes no dormían en ellos, simplemente cultivaban su huerto urbano y pasaban un rato agradable con la familia.
A principios de nuestro siglo, la nueva urbanización de las ciudades fruto del auge de la construcción, fue delimitando y acotando el huerto urbano, haciendo que cada vez tuvieran menos lugares donde construirse, además, el factor de crecimiento de la edad de sus pobladores también pesó, haciendo que muchos de los huertos urbanos quedaran abandonados. Además, las administraciones también empezaron a controlar estos lugares, por la ocupación y construcción de viviendas en ellas, en condiciones poco higiénicas, por parte de los nuevos inmigrantes de este siglo.
Pero en la última década, muchas ciudades han vuelto a poner de moda el llamado huerto urbano. Evolucionado, limpio, conservado y controlado, los ayuntamiento han construido pequeños cubículos de tierra fértil, para que todos aquellos que quieran, a cambio de un pequeño alquiler simbólico puedan revivir los buenos tiempos campestres. También ha sido una fórmula de dar vida a pequeñas zonas sin urbanizar, que con el huerto urbano han conseguido tener cierta vida. Son en parte, unos ingresos para el ayuntamiento, y también una nueva experiencia económica y ecológica, ya que devuelve el concepto de autosuficiencia y a los más pequeños el huerto urbano les enseña que no todo sale del supermercado.
Interesante artículo. Solo quería comentar una cosa que he visto en el título del blog. «Noticias» no lleva acento en ninguna de sus vocales. Saludos!
Toda la razón Ángel, el problema es que tengo tics del catalán 😉 ahora lo modifico. Gracias por tu visita y comentario!
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