Dubrovnik, la perla del Adriático

En los últimos años, el boom de los cruceros ha revitalizado el turismo de muchas ciudades costeras de Europa. En el caso del Mediterráneo oriental y particularmente del Adriático, la ciudad que se lleva la palma es, sin duda, Dubrovnik, ciudad de 43.000 habitantes situada en el extremo sur de la costa de Dalmacia, en Croacia.

Dubrovnik es el tipo de ciudad que no te puedes esperar

La estratégica situación de su puerto, así como su formidable muralla defensiva, le permitió desarrollarse entre los siglos XIV y XVII como una de las repúblicas marítimas más importantes del Mediterráneo, época en la que era conocida como Ragusa.

En tiempos más recientes, Dubrovnik, como la mayoría del país, sufrió las consecuencias de la guerra de principios de los años ’90. A pesar del intenso asedio al que fue sometida, que destruyó numerosos edificios históricos, la ciudad ha vivido una impresionante reconstrucción que le ha devuelto el esplendor y la belleza de siempre.

El principal interés de Dubrovnik está en su preciosa ciudad antigua, que es del Patrimonio Mundial de la UNESCO. Se encuentra en una pequeña península protegida por una gruesa y elevada muralla. Recorrer esta muralla es una de las mejores maneras (aunque no la más cómoda) de ver la ciudad, así como disfrutar de privilegiadas vistas sobre el mar y la vecina isla de Lokrum.

Otra interesante perspectiva de la ciudad es la que se puede observar desde la vecina colina de Srđ, a la que se puede acceder mediante un muy rápido y moderno teleférico.

En el casco antiguo de Dubrovnik, sus cuadriculadas calles albergan los edificios de la Ragusa medieval, entre los que destacan el Palacio del Rector, la Catedral o el Palacio Sponza. Más allá del indudable interés arquitectónico, la ciudad también ofrece atracciones para todos los gustos, como el archivo fotográfico de la guerra War Photo Limited, o los escenarios en los que se han rodado míticas escenas de la popular serie televisiva Juego de Tronos.

La fama turística de Dubrovnik ha hecho que se haya convertido en un destino muy visitado. En los horarios en que atracan los cruceros, la ciudad antigua se ve invadida por centenares de turistas de todas las nacionalidades, especialmente en temporada alta. Este hecho puede hacer que durante buena parte del día resulte algo agobiante pasear por sus calles principales, sensación que desaparece cuando se pone el sol, los cruceristas regresan a sus barcos y la ciudad recupera una calma que ayuda a apreciar mejor su belleza.

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