Arte romano

Ya a partir del período republicano, el retrato es uno de los aspectos más interesantes del arte romano. La costumbre de conservar bustos de los antepasados tiene raíces muy profundas en la cultura itálica: se los exhibía para protección de la casa y para servir de ejemplo a los jóvenes. Tal usanza estimuló el nacimiento de un retrato fidedigno, rasgo característico del desarrollo del arte de Roma desde sus mismos orígenes. En esos retratos se efigiaba la recia estirpe de la clase patricia, la que había dado vida al estado romano.

Si el arte republicano fue el espejo de esa sociedad, con el advenimiento del principado se transformó también la expresión artística. A partir del reinado de Augusto, el arte se puso al servicio del papel y de la superioridad del princeps . Surgía así el primer lenguaje puramente romano, no solamente porque estaba unido a la oficialidad, sino también porque, por primera vez, dio origen a un estilo unificado. Augusto orientó su programa cultural hacia la recuperación del arte griego y la realización de un estilo perfecto.

Sus sucesores abandonarán paulatinamente los modelos griegos para crear un modo de expresión estrechamente ligado al poder, cuyas funciones son la propaganda y la exaltación del poder mismo. Por ello, las formas más características del arte imperial fueron las consagradas a enaltecer la figura del emperador, símbolo viviente de la grandeza del imperio y objeto de verdadero culto después de su muerte. Son típicas de este período histórico las estatuas del emperador armado, las estatuas ecuestres y el busto retrato. En especial estos últimos se consideraban emblema de la fuerza del imperio y de una organización civil que se tomaba a sí misma como modelo para ennoblecer su poder.

Solamente con Vespasiano, primer emperador de la dinastía Flavia, se registran cambios en la tipología del retrato y en la diferenciación entre retrato público y privado. Bajo Adriano se verificó una nueva modificación: se retomaron motivos de inspiración griega, expresión de las predilecciones del emperador filohelénico. También sus sucesores propusieron la recuperación de la cultura clásica, con una leve vena de irracionalidad que caracterizó la crisis del arte romano. Por esos años, tendencias místicas y cultos mistéricos fueron reemplazando la racionalidad griega; cobraron forma incluso en los modelados suaves, en la búsqueda de efectos cromáticos y en la molicie de la representación, elementos que se convirtieron en el lenguaje de la romanidad decadente.

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